La redención es un punto al que se debe llegar necesariamente en algún momento de la vida, muchas veces se llega a la redención después de haberse esforzado y exigido hasta el hartazgo, después de que se ha luchado de una manera monstruosa y se ha obtenido toda la gloria, después de que te has dado cuenta de que al igual que el Carlos Marx que describe Giovanni Papinni, te faltaba el sentido de la barbarie y por eso no eras más que una tercera parte de hombre. Pues así ha llegado el momento de mi redención, justo después de que he perdido todo el miedo que tenía, justo después que he llegado al estado de falta de interés por las cosas mundanas, ese estado mil veces deseado por millones en donde una mujer ya no te provoca el menor nerviosismo, asombro, interrogación, sorpresa, anhelo y miles de etcéteras que en cambio si desata en el corazón de un mozalbete apasionado. Y lo que significó la redención para mi, fue más una visión que un suplicio, es el análisis de un pasado lleno de tropiezos y grandes aprendizajes, pero también el vislumbramiento de un futuro prometedor que aspira a grandes hazañas, a un cuarto reich que deja ver el reich de Otto Von Bismarck como un juego de niños, a la grandeza proyectada desde el frágil cuerpo y el limitado entendimiento de un hombre; pero también fue pisar tierra y sentir lo que sintió el mil veces citado Raskolnikov de la novela mil veces citada también “crimen y castigo”; ese sentimiento de impotencia y de desazón que llena tus sentidos cuando te das cuenta de que estabas viviendo en un mundo irreal en donde tu eras el único Zaratustra y descubrir de manera tajante que no era así, que en realidad no eras más que otra persona, que tu nivel de determinación va a cambiar de un momento a otro y que no siempre vas a poder sentir la iluminación del entendimiento ni tener impulsos progresistas.
La redención es someterte al más duro castigo de la introspección para perdonar toda la ignorancia y estupidez de la que fuiste víctima y victimario; es nacer de nuevo con la mirada más contemplativa, con una sagacidad y una madurez mental enriquecida de tu propio autoreconocimiento; en suma, es encontrar que por medio de la redención puedes llegar a un estado superior de mente y espíritu, en donde ya no permites que el fuego te consuma hasta las cenizas sino que regulas el fuego de tu pasión para no entrar a un estado de ensueños que sin lugar a dudas podría denominar como el ignis fatuus de la iluminación; de esta manera se abre un camino lleno de posibilidades en donde la redención actúa como el catalizador para la ejecución de todas las ideas del hombre y es de alguna manera el bautizo de fuego que cualquier hombre recibe después de haber atravesado un trayecto lleno de aprendizajes y esclarecimientos, en donde el razonamiento analítico actúa como la base para cualquier acción postrera.
¡Someto mi razón a un apartheid contra la irresolución y la fatuidad!; dentro de la redención se desarrolla un renacimiento absoluto contra las ideas arraigadas de un espíritu ardiente pero sin objetivos determinados y es entonces cuando la razón sufre el cambio determinante, entra a un proceso de contemplación que va dirigido únicamente hacia el progreso, y de repente el mundo, el universo, cabe dentro de la palma de la mano, y no hay más que un todo predeterminado en donde el todo se reduce al aprendizaje, no importando cuales sean las circunstancias y los resultados, el aprendizaje es perenne y el resultado va a ser siempre el mismo: la redención tiene como finalidad la catarsis de la persona coaccionada a la redención y la auto-enseñanza del máximo aforismo del hombre, “el objetivo de la vida no es la felicidad sino el aprendizaje como la forma suprema de la felicidad”.
